Lunes, 01 de junio de 2009

 Juan Carlos Paraje Manso

-¿Por qué ese seudónimo de “El Viejo Pancho”?-le preguntó mi padre en una de sus cartas-”Lo de viejo porque ya lo vamos siendo, Ramón, y lo de Pancho en memoria de nuestro padre que era un bendito...”

Doña Paquita A. Trelles, sobrina de “El Viejo Pancho” no me ha preguntado quién era ni de dónde venía; simplemente, al estilo de Castropol, me ha franqueado la puerta de su casa situada en el triangular remanso de la Plaza de Rivadía de este encantado burgo y con una amable sonrisa me cuenta cosas de su famoso tío, en la salita breve cuajada de recuerdos.

José María Alonso Trelles y Jarén nació en 1.857 en la ribadense Calle de las Angustias (1), hijo de don Francisco, de Trelles (Navia) y de doña Vicenta, de Ribadeo, ambos maestros de primeras letras.

Cuando tenía seis años, la familia se trasladó a Navia en donde vivían varios hermanos de don Francisco, entre ellos el exclaustrado bernardo Fray Felipe. No volvería el poeta hasta cumplir los quince años, para seguir, en la Escuela de Naútica y Comercio de Ribadeo, los cursos de 1.872 a 1.874 y relacionarse con las familias de don Pepe Guapo (en cuya casa de Ingeniero Schultz vivió su hermana doña Carmen, maestra nacional en Castropol y Betanzos) y doña Casimira Pérez del Injerto ,Abuela de los Otero Aenlle.

Causa de su estancia en Navia fue el que durante mucho tiempo, en España y en América, se le considerase asturiano hasta el punto de que: “...me querían homenajear como hijo distinguido de Navia y yo sin enterarme.¡ Así se escriben las historias!”

A los diecisiete años -ya huérfano de padre- emigró a la Argentina, y en la localidad de Chivilcoy es peón de pulquería y dependiente de comercio hasta que en 1.877, por razones que se desconocen, se traslada a El Tala donde contrajo matrimonio con Dolores Riccetto, hija de su patrón. Luego de una desafortunada intentona mercantil en tierra brasileña, en donde nacen sus dos primeros hijos, retorna a El Tala para asociarse con su suegro. Allí fundó “ El Tala Cómico”, semanario satírico realizado totalmente por él, de unos cien ejemplares de tirada.

Pero donde habría de hacerse famoso sería en otra publicación editada en Montevideo, nombrada “El Fogón”. En este periódico con el seudónimo de “El Viejo Pancho” que había adoptado en 1.899, verían la luz la mayoría de sus composiciones poéticas, de ambiente y lenguaje gauchesco, que gustaron extraordinariamente y se hicieron populares hasta el extremo de ser memorizadas y recitadas por las gentes de las riberas del Plata y cantadas por la voz apasionada de Carlos Gardel. Gracias a Eduardo Piriz, uno de los celosos coleccionistas de “El Fogón”, fue posible el compilarlas para formar el libro “Paja Brava”, cuya primera edición apareció en 1.916, pues Alonso Trelles (que fue, también sin proponerselo, Diputado en 1.922 junto con los también literatos Roxlo y Viana) nunca había tenido esa intención ni guardaba copias.

En rigor, quién “escribía” sus versos era su hijo predilecto Homero A. Trelles Riccetto, único que se dedicó con fervor a las tareas camperas y del que su padre solía decir con orgullo: “Mi mejor poema es mi hijo Homero, que me salió gaucho!” Compañero inseparable de su padre, cuando a lomos de buenos caballos hacían largos recorridos por tierras de Tala, Canelones, Minas y Florida, donde el aprecio a su consejo de escribano era tan solo superado por el dispensado a sus versos, “El Viejo Pancho” empezaba a tatarear o a silbar algún aire campero, al sonoro compás de su cabalgadura, y luego canturreaba en voz baja el verso. Y tras una pausa silenciosa decía : “Creo que me salió...” Y el poeta lo recitaba para su hijo, dando al aire el poema recién nacido, en el escenario melancólico y bravío de la Pampa que lo había inspirado. El tenía una gran confianza en la memoria de Homero que, cuando llegaban a su destino, escribía el poema que había creado su padre a través de los campos.

A don Ramón A. Trelles y Jarén, Jefe de Telégrafos de Castropol, no le hacían, al principio, mucha gracia los versos en lenguaje criollo que le enviaba su hermano. El también tenía una gran facilidad para versificar y sus regocijados amigos solían instarle para que les obsequiara con sus composiciones jocosas- que don Ramón improvisaba sin escribirlas jamás- alusivas a personas o circunstancias de la vida local. Sus hijas le reprochaban de continuo su manía de hablar con pareados y expresarse con frases rimadas.

Cuando un día, acompañando sus versos, “El Viejo Pancho”, ya un idolo popular, le escribió:”...no hay un solo día que no me sorprenda la lente fotografica ... eso me hace pensar que tal vez mis pobres versos criollos proyecten alguna gloria sobre el dintel de nuestra casa de Trelles...”

-¡Bueno! Eso ya no lo aguanto... Va a ver este engreído -clamó don Ramón ante lo que consideraba una fanfarronada-Y acto seguido contestó a su carta, enviandole como contrapartida el racimo de onomatopeyas, síncopas y sinalefas del pintoresco lenguaje criollo -que él consideraba un galimatias.- alguna hilarante copla de las suyas, con motivos castropolenses, escrita en el galáico- astur del Eo.

En 1.906 el poeta hizo un viaje a su patria natal. Se sorprendió al ver Ribadeo al que no creía tan grande ni tan avanzado en inquietudes culturales. Visita a las viejas amistades y pasea por las calles y arrabales, contrastando la agridulce certidumbre de que él “ya no es de aquí” que ya se encuentra diluido y forma parte de la tierra del Plata. Vive con su madre en Castropol, en la histórica casa de los Menéndez Pelayo ?, en aquel entonces Escuela Nacional (2), y desde su mirador otoñal su sensibilidad atesora, con nitidez fotográfica, las estampas de la tierra y el mar que le vieron nacer y la imagen ratonil del trenecito traqueteante y humoso con el que sonaría en su casa de El Tala.

Porque aquel gallego, alma grande, al revés que tantos otros, fue hacer la América y la América lo ganó a él.

Y de este modo, el trozo de Paraiso que eternamente ciñen el Navia y el Eo le regaló al Uruguay un poeta, un hijo auténtico y cabal, intérprete sutil y apasionado del alma recia, tierna y atormentada de su tierra que lo proclama Poeta Nacional.

 

  1. Hoy lleva el nombre de “El Viejo Pancho”y en la casa número 10 hay una placa que lo recuerda. Hay un busto del poeta en el Parque y otro y del cuadro ecuestre en la Biblioteca Municipal que lleva su nombre.

  2. Tiene al presente en su fachada una placa alusiva a Menéndez y Pelayo.

 

 

 


Publicado por a333 @ 17:49  | jcparajemanso
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