S?bado, 26 de marzo de 2016

Golfo. In Memoriam

 

En “Perrerías” Juan Carlos Paraje Manso dedicaba uno de sus preciosos artículos a los perros de Ribadeo, a  su través conocimos a Boabdil y  a Diana, y es que los animales (no solo los perros) forman parte de nuestras vidas, de nuestras familias y, por supuesto de los sucesos de un pueblo, en este caso de Ribadeo.

Golfo, como tantos ribadenses, vino de fuera, de Luarca y allí lo encontraron con unos tres meses vagando tras las Navidades (un regalo seguramente desafortunado) unos albañiles que se compadecieron, le alimentaron con torreznos y leche y luego lo dejaban bajo un capazo con ladrillos encima para que no se perdiese ni se lastimase,  como pese a sus pesquisas los dueños no aparecieron llegó a mi casa.

En aquellos momentos andábamos mi hijo pequeño y yo, tras un perro de un tamaño decente, un tamaño que disuadiera a otros de peleas y lo que vimos cuando llegó a casa era un can con cara de viejo (parecía un bebe de anciano, algo así como un Benjamin Button perruno) muy pequeño.  Lo primero fue ponerle el nombre, como su cara y sus modos le daban aíre de golfillo, con Golfo se quedó. 

Otros perros lloran si se van sus amos y hay que educarlos para que hagan sus necesidades fuera pero éste desde un principio pasó a compartir habitación con Pablo y hasta que de muy viejo no podía controlar sus esfínteres, nunca manchó nada e incluso ya en sus últimos tiempos, avisaba llorando para que se le sacase y aguantaba hasta llegar al patio. Eso si, una de sus manías desde el principio fue estar siempre con la cabeza debajo de una manta creando lo que fueron sus famosos “tuneles”

Muchos dueños de pittbulls, rottweilers  alardean de su poca peligrosidad. Bueno, Golfo mordía, no a todos y si por grados. Era como un Casco Azul  de andar por casa. Si tocabas en un brazo a un miembro de la familia (y se lo hacíamos muchas veces para ver a quién defendía) pues primero era su colega que no amo ya que a él incluso le gruñía cosa que no hacía con los demás pero defendía su espacio y también que no le tocasen, luego, mi otro hijo, luego sus primos. Mordió a casi todos los amigos que entraban a casa, un roce o un empujón era considerado agresión y no era aconsejable que un desconocido tuviera la ocurrencia de acariciarlo y como tenía cara de bueno, alguno se arriesgaba para luego pagar las consecuencias. Un amigo dijo una vez que nos habíamos equivocado en el nombre, que tendríamos que haberlo llamado Bin Laden. Exageraba.

Otra característica de Golfo es que era celoso hasta el infinito desde pequeño paseaba con Romulo, un perro tan grande como cariñoso  y con el siempre se habían llevado bien hasta que estando mi hermana fuera, me dio por  pasearlo, a partir de ese momento si los sacábamos juntos, no paraba de gruñirle e intentar morderlo, no le daba tregua.

Una escalera de caracol enlaza la parte superior de la inferior de mi vivienda y en los últimos años le costaba subir,llegando a caerse tanto es así que se le pusieron dos camas abajo y pusimos trampillas para que ni se le ocurriese el intento porque ocurrir se le ocurría, tanto es así que pocos días antes de morir se las subió enteritas y es que nadie pensaba que fuese capaz de hacerlo ya que estaba muy agotado (enfermo del corazón) y no se cerraron los accesos fue escucharlo y contener la respiración hasta que estuvo a salvo arriba, pero lo consiguió pero siempre conseguía lo que quería. Era incombustible y no nos creíamos que fuese mortal. En los últimos tiempos, últimos años nos fue dando avisos, parecía que se iba pero resucitaba y pese a estar viejo tras los achaques, volvía a ser el de siempre.

A Golfo le pasaron muchas cosas, una fue salir bien librado de un percance en el que muchos de sus congéneres ribadenses perdieron la vida. Una pareja de perros, uno belga y otro tipo pastor alemán, anduvieron destripando perros pequeños por Ribadeo sobre el 2003. Nos avisaron de lo que ocurría pero siempre al pasear iban Romulo (del que entendíamos que por su tamaño iba disuadir de atacar) y Golfo. Un día vimos a esos perros correr por la zona de las Barreiras y dimos la vuelta, pero a la altura de lo que era Tele Acústica en Calvo Sotelo nos esperaba agazapado el Belga. Golfo iba delante y yo lo llevaba con la correa. No me dio tiempo de cogerlo en brazos. Tiro de él y se llevo a Golfo enganchado por el cuello.

Curiosamente su compañero o compañera no se metió en la pelea. Romulo tampoco. Allí estaba yo dándole paraguazos, mi hermana dándole patadas para que soltase a Golfo que miraba de forma atravesada al agresor pero sin soltar ni un gemido. Eramos todo un espectáculo. Aquello estaba lleno de gente que ni se metía pese a que ya iban varios perros destripados, ni llamó a la Policía, Protección Civil, Guardia Civil… pero la ayuda vino cuando otras patadas vinieron a sumarse a las que se le estaban propinando y luego esa persona se deslizó y sacó de entre los dientes del Belga a Golfo. Era Juan, el Serranillo

Pasaron muchas más cosas como pasan con vuestras Canelas, Luckys  ..o  como llaméis a vuestros compañeros perrunos. Golfo murió el 7 de enero de este año y aún duele como me dolió separarme de Canela, Kunfu, Teka, Romulo, Hector…Nos acompañan, forman parte de nuestras vidas y sin saber escribir ni poder describir todo lo que para mi significa, para los míos, Golfo, espero que no sea el único artículo que sobre nuestros colegas de cuatro patas se escriba en Atalaia.

 

 


Publicado por a333 @ 10:57
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