Martes, 17 de febrero de 2009

Hasta el siglo XVIII, por ser la principal se llamó Rúa Grande y Calle Mayora la que, arrancando del Campo de la Villa-hoy Plaza de España-descendá en linea recta hasta el principio de Cova da Vella y Porcillán. Hoy se llama de Amando Pérez en memoria del benemérito médico de su nombre y en el intervalo recibió, sin que se sepa a ciencia cierta el por qué, el hermoso nombre de Calle de la Paz por el que es conocida aún hoy en día por mucha gente mayor.
Sobre ella, en su inicio, junto a las casas de Lage y Ron apoximadamente, se abria la Puerta de la Villa, principal de nuestras modestas murallas. A su lado se celebraban, hasta que fue derruída, los mercados de lienzos, estopas, frutas y legumbres. En esta puerta, donde estaba pintado el escudo de la Villa, se fijaban los bandos y demás papeles que podían interesar al vecindario. Sobre ella había una torre con las campanas y el reloj público; aquéllas y éste fueron trasladados en 1830 y tantos a la Torre del reloj construída a ese fin. Derribada la puerta, el Conde de Ribadeo reclamó los materiales "y el suelo del arco", contestándole el Concejo que "cualquiera que haya sido el señorío que aquél y sus ascendientes haya exercido sobe la Villa y su territorio, nunca fueron dueños de la muralla ni de sus adherencias"
Lo que no reclamó el Conde ni reevindicó el Concejo, tal vez por no considerarla de gran valor, ni el uno ni el otro, fué la imagen de la Virgen de la Paz, que, colocada en lo alto del arco, en una hornacina entre dos lámparas de acaeite y nimbada por los bronces de Lombardero, aguantó impasible las heladas nordesías; con su serena mirada de campesina, contempló la soberbia cabalgata del general Founier, las febriles idas y venidas de Céster e Ibáñez, el fanático turismo de George Borrow, el apasionado afán de Schultz, ofeciéndoles a t odos-candorosa-la Paz simbolizada-en su paloma. Hasta su airosa atalaya llegaron ls gritos de las corridas de toros y los "vivas" y "mueras" que, po turno, se sucedían en la Plaza Mayor. Y se estremeció, sonriente, con el cañonazo disparado desde su adarve en honor de la Proclamación de la Constitución (una de tantas) de Cádiz de 1812.
Desaparecido su altivo emplazamiento, la Virgen de la Paz fué recibida en la casa número 4 de la misma calle de "los de Escuder", familia catalana que tenía tienda de tejidos. Al fallecer el último miembro de la familia, doña Julia Escuder, fué la imagen trasladada a la casa de enfrente-número 3-de "los de Reigada", en donde habitaban el Vicario de las Clarisas don Manuel Pérez Martínez y su hermano don Amando antes citado, ambos poetas y periodistas locales. Extinguida también esta familia, la Virgen de la Paz salió de nuevo  a la calle para recibir cobijo en la casa número 1 de "los del Ron"
Y alli la tiene hoy, en el salón, entre sus objetos y recuerdos más preciados, el farmacéutico don Francisco Díaz Fierros, a cuya atención debo el conocimiento de este interesante recuerdo de nuestra Villa.  Curiosamente esta tosca talla de madera, pintada de forma rudimentaria, de 1,40 mts de alto (incluida la corona de brocado) en el transcurso de siglo y medio ha estado viajando, de una casa a otra en la misma calle, acercándose cada vez más a su primitivo emplazamiento.



Juan Carlos Paraje Manso en La Comarca
La foto de Jesús Díaz Bravo


Publicado por a333 @ 17:34  | jcparajemanso
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