Viernes, 17 de abril de 2009
Publicado por a333 @ 16:09  | hist.ribadeocontemporanea
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* De un artículo de don Juan Suárez Acevedo "Del Vals al Fox-Trot pasando por el Rigodón"


 (...) Nostalgia de aquel día de la Patrona de 1902 cuando los señoritos de Ribadeo se disputaron en reñida regata de canoas una bandera -ajedrezado en blanco y azul de la matrícula naval ribadense-bordada primorosamente por las bellezas locales.

O de aquella importante jornada de abril de 1903 en la que todo Ribadeo se dio cita en el Puerto Estrecho para contemplar como se deslizaba lentamente uno de los tramos del futuro cargadero de mineral hasta quedar colocado con exactitud matemática sobre sus esbeltos puntos de apoyo, tarde en que no fueron a la escuela de don Antonio de Boán o a la de don José Rubio los niños ribadenses.

Fue también entonces cuando circuló por nuestras calles el primer automóvil; era propiedad del joven “sportman” don Luis Piñón.

Y aún antes de finalizar este tercer año del siglo XX los ribadenses verían remozarse su iglesia parroquial, al ser construida la actual torre y las bóvedas que cubren sus naves. Obra debida a la iniciativa del entonces alcalde don Juan Suárez Casas. Regía por aquellos días el arciprestazgo el modelo de sacerdotes que se llamó don Secundino Martínez Montenegro.

El jueves 28 de julio de 1904 luce Ribadeo sus mejores galas con motivo de la llegada a nuestra villa del entonces joven monarca Alfonso XIII. Fondean en la ensenada de Arnao el yate real “Giralda” y el crucero “Río de la Plata”. Visita regia pródiga en detalles ingenuamente evocadores.

Un año más tarde, el 4 de agosto de 1905, tenía lugar la solemne inauguración del servicio de viajeros del ferrocarril a Villaodrid: arcos de triunfo y bandas en las estaciones de trayecto ponían la nota alegre de unas esperanzas que resultaron fallidas: la del ferrocarril a Lugo y la del Central Gallego.

Año importante en las fiestas ribadenses es el de 1907 en el cual lucieron por vez primera las bombillas eléctricas en nuestro pueblo, desapareciendo de sus calles y de sus hogares los peligrosos quinqués de petróleo.


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