Lunes, 27 de abril de 2009
X Juan Carlos Paraje Manso/


Hubo un tiempo hermoso, de sueños y plegarias, en ql que cada templo parroquial tenía su pila de aguas lustrales construído con la piedra que abundaba en el lugar o en sus cercanías, tallada con todo el amor y cuidado por un orgulloso artesano, consciente de estar construyendo la pétrea envoltura material de una auténtica Puerta de la Luz.
De esta suerte, los nacidos del lugar -vivas fuentes de alegría y esperanza-abandonaban el Reino de las Tinieblas al trasponer, benditos con el agua de sus manantiales, la Puerta cosntruída de su propio suelo. Su importancia, como hito en la historia de una persona, es reconocida incluso  por estamentos totalmente ajenos a lo religioso, llegando al extremo de venerarse y exhibirse las pilas en que furon cristianados algunos personajes célebres.
Cabe imaginarse la hermosura y variedad de estas piezas-no sometidas a un canon riguroso-de tal o cual traza, diseño, decoración y acabado, ssegún el grano y textura de la piedra, el agua en ellas contenida tendía a filtrarse a su través y, en tiempos en que solo se bendecía el agua en Semana Santa, causaba problemas de orden litúrgico a más de estar constantemente encharcado el baptisterio.
Estas, y otras razones, fueron la causa de que, a principios de siglo, algunos obispos-concretamente don Juan José Solís y Fernández, en nuestra Diócesis-decidieran, con el consiguiente alborozo de las grandes marmolerías, el substituír las seculares pilas, de tan individual carácter y significado, por esos muebles hechos en serie, fríos, impersonales y asépticos, con un no sé qué de inodoro y quirúrgico, que son las actuales pilas bautismales de mármol blanco.
¿Qué ha sido de las antiguas? Excelente tema que brindo a los aficionados a "Misión Rescate". Suerte varia han corrido esas preciosas piedras, de una importancia artística y arqueológica desigual pero de un valor sentimental indudable. No son difíciles de localizar (salvo las llevadas por los anticuarios) dado su volumen y peso: en una esquina de la iglesia, en la sacristía, en algún local enre bancos y trastos viejos, en las huertas rectorales, cuadras, cementerios, etc., anejos a la parroquial, (he visto alguna de macetero en algún pazo señorial, de comedero para el ganado, semillero de perejil, e incluso tirada y hecha pedazos a pocos pasos de la Iglesia) las hallará quién las busque para colocarlas en el lugar de honor que les corresponde.
En algunas parroquias han tenido el buen sentido de conservarlas cuidadas y a la vista, como en Arante, Cubelas, Foz, Morás, etc., que están en el atrio. La de Figueras es utilizada como pila de agua bendita. La de San Juan de Moldes, Santa Marina de la Roda, Serantes, Salave, Seares, Taramundi, Conforto, Villaodrid, etc., continúana en su primitivo emplazamiento. La de Obe, realizada en ocre arenisca ferruginosa del lugar, está, forrada de ladrillo, en el antiguo cementerio haciendo de pilón. A la de La Devesa, el haber servido para cristianar a don Pedro Murias, le valió el ser colocada junto a su capilla-panteón con una pequeña lápida que dice: XXI-V-MCCMXL EN ESTA PILA FUE BAUTIZADO EL ILUSTRE BENEFACTOR DON PEDRO MURAIS. Es digna de recordar, enre las de estas cercanías, la de Presno, de granito rosa con un bello grabado desconchado, debida a la magnificencia de un Valledor y Prsno que allí tuvo su solar.
Y la más importante para nosotros -me pregunaréis-la de Ribadeo, ¿en dónde está?
¡Ay amigos! La pila bautismal de Ribadeo tiene una existencia tan azarosa como la propia Parroquia, que anduvo de Herodes a Pilatos hasta encontrar su asiento definitivo. Aún suponiendo que haya desaparecido la de la Catedral de Santa María del Campo, (con anterioridad había sido Santiago de Vigo, en la Villavieja y Sma. Trinidad, en la Atalaya, la parroquial)-aunque una rústica y enigmática pila existente en la huerta de Gamallo Fierros bien pudiera ser- por ruina inminente de Santa María, fué necesario habilitar la minúscula capilla del Hospital de San Sebastián-sita en la hoy "esquina de Arango"-para primer templo de la Villa, y en 1835, con motivo del traslado definitivo de la parroquial a la iglesia del extinguido convento de San Francisco, se mandó hacer una nueva pila baustimal, con fondos de la fábrica de la Colegiata, que costó trescientos reales. De esa fecha data, pues, la que se encuentra cómodamente alojada bajo la escalera del coro, tallada en piedra de Vilavedelle y arrinconada por mor del mármol advernedizo que, -como nota histórico-anecdótica-se encargó de estrenar un niño de montañesa estirpe asturiana, nacido el 20 de Junio de 1,911 en la Plazuela de los Cuatro Caños: nuestro convecino don José Cancio López de Restrepo.


Publicado por a333 @ 19:20  | jcparajemanso
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios