Martes, 28 de abril de 2009
 X Juan Carlos Paraje Manso/

Seguramente que a más de cuatro ribadenses, al pasear por los bien cuidados jardines del Parque Municipal, se les habrá ocurrido pensar que si disponemos de este ameno espacio, dedicado a solaz y esparcimiento, es debido a uno de los mayores fracasos que, en el plano de las obras públicas, haya tenido el Ayuntamiento de Ribadeo en toda su historia.
En efecto, buena parte de este parque estuvo ocupado por la Catedral de Santa María del Campo, construída en el s. XII, durante el episcopado de don Pelayo de Cebeyra. En el año 1777 el teniente del Regimiento de Milán e ingeniero don Lorenzo Lupi, a la sazón en el Castillo de San Damián,después de minuciosa inspección, confirmó las sospechas de los vecinos, al confirmar que el singular templo podía venirse abajo en cualquier momento. Por lo tanto se tomó el acuerdo de trasladar los altares, órgano, imágenes, pila bautismal, etc. a las capillas del Hospital, la Atalaya, (en donde se encuentra todavía uno de los retablos contruido en 1766) y la Virgen del Camino, quedando la primera de ellas (situada en la hoy "esquina de Arango") habilitada para Parroquial, en tanto no se demolía y se construía en el mismo lugar una nueva iglesia con la dignidad de Colegiata.
A partir de ese momento los acontecimientos se suceden de forma tal, que la lectura del extracto del voluminoso expediente, que debe obrar en algun lugar  de nuestras ambulantes oficinas municipales, produce la desquiciante sensación de una pelicula de Harold Lloyd. Su resumen  es más o menos este:
1.781.-Las fuerzas vivas de la Villa proponen la concesión del arbitrio de un real sobre fanega de sal para sufragar los gastos.
1.782.-El Consejo Real concede tal Licencia por cuatro años.
1.784.-Se contrata con don José Cancio Bermudez la extracción de piedra de su finca en la Pena en la Villavieja.
1.785.-Don Antonio García de Quiñones, de Betanzos, presenta cuatro planos para la futura iglesia. Cobra 3.990 reales y desaparece de escena.
1.786.-La subscripción pública produce 11.572 reales (Ibañez dió 1000) La obra es presupuestada en 230.000 reales y se pide se prorrogue el arbitrio sobre la sal.
1.788.-El Consejo Real prorroga el arbitrio sobre la sal, del que se exceptúa a los pescadores, y faculta a la Villa para imponer otro sobre los licores. Van a ser pues la sal y el aguardiente los valedores de la Colegiata. No gustan los planos del betanceiro y se encargan otros a don Manuel Machuca y Bargas, Director de la Academia de San Fernando. Estos satisfacen plenamente: son magníficos, algo digno de Ribadeo. Naturalmente el coste de las obras se eleva: el presupuesto es ahora de 750.000 reales. Machuca cobra 4.064. Se anuncia la subasta en Mondoñedo, Lugo, Santiago, La Coruña, Ferrol, Pontevedra, Oviedo, León y Astorga. Se adjudica en 640.000 reales a don Domingo Van den Schrick, natural de Amberes, vecino de La Coruña. El 30 de agosto, don Miguel Ferro Caaveiro, director de la obra, informa que demolió la iglesia antigua, planteó la nueva, hizo la excavación y pide se designe día para la colocación solemne de la primera piedra.Al día siguiente los diputados se quejan de que la cimentación va mal ejecutada y no se emplea arena de Dompiñor. El Ayuntamiento se queja de que los Directores de Rentas no liquidan el arbitrio. Ferro promete arreglar los cimientos. El obispo don Francisco Cuadrillero dice que sus labores no le permiten acudir a la colocación de la primera piedra. Van den Schrick pide dinero, etc.
1.789.-El día 3 de Julio, veinticinco vecinos de la Villa, entre los que figura Ibañez, "que patea sobre las piedras", denuncia la mala calidad de la obra efectuada. Viene a practicar una inspección don Francisco Pruneda, arquitecto y fontanero de Oviedo, el cual, después de jurar, informa al Ayuntamiento: que el mazico de los cimientos es de piedra pequeña y mala calidad, que la mezcla es de tierra con poca cal, que dos capas deben demolerse hasta los cimientos, que la sillería carece de ligazón, etc.etc. En resumen: hay que demoler parte de la obra, se descubre que Ferro no es arquitecto, se prohibe al belga salir de la Villa, se suspende la obra y se despacha a los canteros. Pruneda cobra 1.580 reales por certificar que en el Campo engendramos un desastre y se vuelve a Oviedo.
1.790.- Pero no es suficiente: don Diego de Ochoa, de Villafranca del Bierzo, arquitecto, pasa a reconocer la obra para informar al Consejo Real. Cobra 4.832 reales.
1.791 y 1.792.-Obra paralizada.
1.793.-Por ejecutoria del Consejo se suspende a Van den Schrick y se le condena a devolver 87.314 reales y, mancomunadamente con Ferro, los gastos de demoler lo edificado así como devolución de sueldos y pago de costas. El 19 de Junio sale de nuevo a subasta la obra, anunciandola en Ribadeo, Orense, León, Villafranca, Betanzos, Ferrol, La Coruña, Santiago, Valladolid, Madrid, Salamanca, Tuy, Mondoñedo, Avilés y Oviedo. Redacta las condiciones del remate Fray Guillermo de Cosío, arquitecto, antiguo Teniente de Ingenieros y benedictino, a la sazón en Villanueva de Lorenzana, el cual calcula que costará 1.045.827 reales, el Ayuntamiento lo estima en 750.000. Nadie acudió a la subasta. Dado que las capillas del Hospital y de la Atalaya son insuficientes para los enterramientos (recordemos que en aquel entonces se enterraba exclusivamente en las iglesias) el ayuntamiento acuerda librar los terrenos de la catedral para seguir usándolos como cementerio.
1.794.-Llega el Aparejador don Antonio Vidal para proceder a demoler lo construído y colocar los materiales.
1.795.-Ochoa tasa los materiales existentes y replantea de nuevo la obra.
1.796.-En este desconcertante velo de Penélope van gastados, desde 1.791, la cantidad de 554.321 reales.
1.798.-Van den Shrick ha muerto. Tienen que enjuagar su deuda sus fiadores ribadenses: los García, Campoamor, Fajardo y Marchamalo. Hasta eso.
1.799.-El Ayuntamiento manda el 27 de agosto que continue la obra, que está en suspenso, y solicita que la Colegiata lleve más puertas. Tranquilos: las tendrá a todos los vientos. Se gastaron 16.990 reales.
1.800.-Se emplearon 138.370 reales
1.801.-Se invirtieron 22.002 reales
1.802.-Se justificaron 54.909 reales
1.805.-Se llevo el demonio 35.942 reales.


Los papeles de los años siguientes deben haberse extraviado a causa de los desastres de la guerra con los franceses, que vinieron oportunamente para coronar este impresionante galimatías: entre reparaciones de cuarteles y conventos y habilitación de terreno para seguir enterrando (como se ve durante diez años se disputaron el Campo canteros y enterradores) se fueron casi todos los dineros; del resto se encargaron, por partes más o menos iguales, las tropas españolas y las francesas. La obra se interrumpió definitivamente cuando las paredes alcanzaban la altura de las puertas; en ella se había invertido, a fines de 1.804, 867.354 reales.
En 1.902 el alcalde Cobián Pardo deshizo las ruinas y en 1912, a base de dinamita, se desescombraron los cimientos. Hasta que fueron arrasadas, durante muchos años las ruinas de la inconclusa Colegiata fueron una muestra, en el corazón de la Villa, de las empresas a las que persigue un fatal sino. (Aunque, bien mirado, la soberbia iglesia con dos torres, ocupando desde enfrente al Ayuntamiento hasta la huerta de Piñón, supondría un monumental armatoste) El Campo de Santa María volvió a ser eso, un campo, con el nombre de una Colegiata fantasma, donde se celebraron los mercados, se jugaba a la pelota, se montaban circos y teatros ambulantes, se amontonaba la "poda" de los árboles y de las canterías para la Aduana, se plantaban las "figuras" de artificio, se instalaban campamentos juveniles e incluso se "enterraban" los que con ello comían, hasta que en 1.951 el entonces alcalde Pancho Maseda lo transformó en el Parque actual, realizado por don José Machado González (recuerdo que se sacaron gran cantidad de huesos y cimientos de cal) y en 1957 se erigió el busto de "El Viejo Pancho" más o menos en el eje de lo que había sido la fustrada Colegiata
Ahora bien, los escombros de la Fortaleza sirvieron de relleno a la carretera al Cementerio, la sillería de la Torre del Reloj y de la Orden Tercera fue usada en alguna casa de la Villa, las muelas de las Aceñas de Donlebún sirven de "muerto" a alguna lancha de Figueras, la casa de los Barreiro (antigua de Pardo) ocupa para siempre la ensenada de Cabanela, el viejo pavimento de las Cuatro Calles rellena la Villavieja, las traídas en barco desde San Ciprián y las venerables de la antigua Catedral, ¿a dónde han ido a parar?
En 1818, además de la obra, había 842 canterías, que disminuían constantemente a causa de las nocturas raterias de los vecinos
En 1825 se aconseja usar de ellas para reparar la rampa del muelle de Figueirúa.
En 1834 se autoriza emplearlas en la Torre del Reloj.
En 1876 es desestimada la propuesta de don Federico Martínez que ofrecía contruir 50 bancos de hierro colado y madera, si a cambio le daban las piedras del Campo
En 1902 el alcalde Cobián las vende todas, indiscriminadamente, a la naciente Sociedad Minera. Por eso tengo que darle la razón a mi buen amigo de Abres, Pedro Sanjurjo, cuando afirma que sus mayores aseguraban que gran parte de las piedras empleadas en la construcción de los túneles, puentes y estaciones del ferrocarril de Villaodrid, algunas con primorosa talla, habían sido "de una gran iglesia que Ribadeo nunca había logrado construir".


Publicado por a333 @ 20:32  | jcparajemanso
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