Mi?rcoles, 29 de abril de 2009
X Juan Carlos Paraje Manso/

En la Torre del Pipelo
que a ninguna parte va;
y es, como suele decirse,
"ni chicha ni limoná".
Y como ya queda dicho
es la Torre del Reloj
que no pincha ni corta
y es un gran almatró.

Adolfo López García

A pesar que don Manuel Casabella Prado, actual conservador del  reloj de la torre parroquial, afirma- en el más florido madrigal que a nuestra villa se le ha regalado-que Ribadeo tiene una hora de sol más que los demás pueblos, no he encontrado a nadie, tras fatigosas pesquisas, que me sepa dar noticias de un reloj de sol en nuestra Villa.(1) Por lo tanto, embarcado en la trascendental tarea de mencionar los más importantes relojes públicos, me tengo que conformar con limitar mi relación a artilugios metálicos.
Don Manuel do Pataqueiro tuvo, en cierta época de su vida, proclive a la filantropía, el proyecto de instalar un reloj de servicio público en la fachada de su casa; pero desistió, tal vez desanimado por un canon con el que amenazaba gravarlo el Ayuntamiento, que estaba sin duda hasta la coronilla de las ocurrencias del gran excéntrico. En la antigüa estación de ferrocarril a Villaodrid-hoy convertida en Hostal del Vagabundo-había dos relojes: uno en la fachada, que confirmaba al viajero que había llegado tarde y que tendría que darse una carrerita hata el Jardín si quería abordar el Expreso del Eo, y otro de dos caras (como hay tantos por ahíGui?o típico de andén, igual que muestra su sucesora del Ferrocarril de la Costa.
La Casa Gayol tiene, embutido en el frontis de su mostrador central, un reloj orlado con el rótulo CASA GAYOL-FUNDADA EN 1854, que regulaba en tiempos en que abundaban menos los relojes, las horas de los vecinos de San Roque, prestando inestimables servicios a las lecheras y a las señoras asiduas a triduos y aniversarios. La Relojería Carreira exhibe un curioso reloj pendular francés, con caja en forma de radiante sol, que se precisa servir la HORA OFICIAL y que fue, durante muchos años, implacable verdugo de soldados y marmotas, presidiendo el compostelano paseo de la Rúa do Villar, en la Relojería de don Reimundo González, en donde fue adquirido por el Sr. Carreira al desaparecer ésta en 1938. También la Relojería Miró, coincidiendo con la inauguración del Instituto y del Parador en 1958, colocó en su fachada un reloj Morez con cuerda para treinta días, que retiró al cabo de unos años.
En la Empresa Ribadeo hay dos relojes: Uno de los llamados "de cuadro", de ondulada caja con incrustaciones de nácar, muy abundantes en hogares de esta comarca, que le da a la sala de espera un afectivo tono familiar, y otro eléctrico, frio y funcional en los andenes.
Xoquina, aquella buena mujer que a todos deseaba "que Dios les diese la gloria por castigo", solía contar la historia de un asombroso reloj parlante: "Tres pesetas, pouca cousa, tres pesetas, pouca cousa..." pués aunque era inglés, hablaba perfectamente el gallego.
Según nos dice Lanza en su impagable RIBADEO ANTIGUO, sobre la Puerta de la Villa, principal de nuestras murallas, situada algo más arriba que la farmacia de Ron y la casa Lage, había una torre para las campanas y el reloj (2) que era inglés, como el de Xoquina, hasta que, inservible éste, se mandó contruír otro en 1.756, "nuevo, capaz y de toda satisfacción, de buen hierro y bien trabajado, de 16 arrobas castellanas de peso,con péndola real y todas sus piezas de maniobra, pesas y martillos, y un mostrador (esfera) de 18 palmos de circunferencia" Por él se pagaron 3.160 reales de vellón colocación incluída, a don Juan Antonio Fernández Lombardero (3), genial artesano constructor de relojes de sala y torre, de ascendencia oriunda de Vizcaya y natural de Santalla de Piquín, pariente de Ibañez y antepasado del convecino que, de carambola,  nos regalo la Contienda: el excelente profesional y espejo de caballeros don Evaristo Lombardero y Suárez del Otero, que, por cierto, conserva uno de los relojes de sala construído por su ilustre antepasado.
En 1833 se acordó derribar la Torre del Reloj y Puerta de la Villa y fué trasladado el reloj de Lombardero a otra Torre construída junto a la inacabable Colegiata según planos de don Francisco Andina. En 1847 se compró el reloj actual a Moisés Díaz de Palencia, que fue trasladado a la Iglesia Parroquial. La Torre del Reloj de Santa María del Campo fue derruida en 1912 (4)
Del reloj actual poca cosa cabe decir. Los cristales de su esfera fueron pintados por Margolles, que dejó en él su "autógrafo" y más recientemente por don Ramón Fuertes Cruces. La elevación de sus pesas, de algo más de cien kilos, fué piedra de toque de más de un forzudo. Alguno de sus "médicos" fueron: el popular Insua y sus discípulos, Repelón, afamado flautista-y como Bheetoven-sordo, y don Buenaventura Gutiérrez, siendo el actual el mencionado Sr. Casabella.
Como dato anecdótico, es necesario dejar constancia de los periódicos ataques de campana que le dan, para no ser menos que sus parroquianos,  cuando incordia el vendabal. En 1.924 dió 127 campanadas sin interrupción; en 1.967, coincidiendo con el Quince en Vegadeo, se quedó en 106; pero el record a batir lo consiguió, sin duda, el 3 de septiembre de 1.939 en que, por estar su cuidador enfermo de paperas, estuvo dando martillazos hasta terminársele la cuerda, alcanzando la hora 497. Aunque varios testigos, entre ellos una señora de Meira que se encontraba a la sazón en Ribadeo tomando los baños, afirman seriamente haber pasado de las quinientas campanadas
.



(1) Hay uno muy deteriorado en el Castillo San Damián.
(2) Según Méndez San Julián desde que hay actas, hubo reloj y relojero municipal, que estaba exento de cargas concejelis. En su APUNTES SOBRE RIBADEO nos da cuenta de numerosas notas sobre los mismos.
(3) De la vida y obras de la dinastía relojera de los Lombardero, nos da cumplida noticia en su THEATRO CHRONOMETRICO DEL NOROESTE ESPAÑOL, el compostelano Dr. Landeira, infatigable coleccionista de antigüedades residente en Luarca.
(4) En su construcción se habían empleado canterías  de la Colegiata. Se comprometió a derrrumbarla, por el aprovechamiento de los materiales, don Antonio Nistal, que usaría los sillares para el primer cuerpo de su casa de la calle de R. González número 3. Contrató el derribo con don Casimiro López Pérez y la ejecutó "O Carallán"

Publicado por a333 @ 17:10  | jcparajemanso
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