Martes, 05 de mayo de 2009

x Juan Carlos Paraje Manso/
En los domingos, cuando a la salida de Misa veo a los hombres, mujeres y niños, sonreír al sol, paseando despaciosos por el Campo, viene a mi memoria, en alas del cielo y la rama, de la luz y la sombra, la imagen de un árbol, de un maravilloso árbol con tronco de paja dorada del que brotaban dos docenas de inquietos molinillos de papel.

En el callejón de Peligros, en un departamento de un caserón que fue de mi abuelo, en el que viví y estuve a punto de nacer yo, y en el que vivió María Pastora y tal vez Ibañez, habita doña Rosario Soliño Medina- Sara para sus convecinos- que me dice:

-El arte de confeccionar molinos de papel lo trajeron mis padres a Ribadeo a principios de siglo. Procedían de El Ferrol. Mi padre, Elías Soliño Francisco, era portugués y, como todos los de su raza, habilidoso y artista (algún día habrá que tratar de las actividades de los portugueses en nuestra Villa), trabajaba el alambre: hacia bozales, portaretratos, ratoneras, hueveras, perchas, cribas, etc., por eso le llamaban el “Alambrero” y vendía su producción en la ferretería de don Jesús Fernández (que estaba al lado del hoy Bar Galicia) y en Villanueva, Mondoñedo y Villalba. Primero vivieron en la Calle de San Sebastián y luego en Cabanela, donde yo nací.

Cuando mi padre faltó-prosigue Sara-mi madre Francisca Medina González, de Puentedeume, y mis hermanos y yo, seguimos haciendo molinos...Son muy fáciles de hacer aunque dan su trabajo: Se necesita papel blanco, cuadritos de cartón, papel de seda de colores, trocitos de madera de saúco, alambre galvanizado y varitas...

Los domingos, al salir del catecismo, allí estaba el árbol como un jubiloso anuncio de eterna primavera. ¡Qué bonitos eran los molinillos de papel! Aunque viviese cien años recordaría siempre su impoluta blancura moteada de colorines, el ceceante surruro de su girar. Atado a su balaustrada de hierro, (parte de la cual está hoy en el mirador de la Aduana) el árbol de los molinillos, dando envidia a los de la Alameda, era foco de atracción, fuente colorida, estallido y luminaria-palpable gracias a la magia de unas manos cariñosas-hacia el que se iban los asombrados ojos inocentes, los indices tiernos

¡Cuántas aleteantes pajaritas, locas prisioneras salpicadas de confetti!

Todo era limpio y bonito en los molinillos de papel: la varita de dos palmos recién cortada oliendo a savia, la hoja blanquísima sabiamente encaracolada acicate de nuestra fantasia puesta a volar al menor soplo, la flor de rizado papel de varios colores superpuestos fingiendo diminutos arcoíris, el alambre galvanizado fino y brillante cual la plata que le serví de eje...

¡Cuánto me gustaban los molinillos de papel!¡Qué gusto el verlos, por instantes en calma, al momento asustados por la brisa, levantar vuelo como una bandada de tímidos pichones con flores en el pico!

De vez en cuando una madre, un niño, una rama se desprendía del árbol convertida en varita mágica que hacía sonreir a un ángel, en estrella que iluminaba la Alameda, en flor que tachonaba el Campo de fugaz primavera...

Poco a poco se iba despoblando el árbol de ramas, de flores, de estrellas, de palomas, se quedaba el tronco solo,con su capa de oro. Bajo la campanilla del kiosko la banda tocaba y tocaba. Aquí y allá los niños con sus varitas florecidas reían y lloraban. Calle abajo, rumbo a Peligros, con los bolsillos tintineando calderilla y el palo desnudo al hombro, la mujer bajaba.

-Cuéntame, Sara.. ¿cuándo va ser el día en que nos regales el milagro de ver florecer tu árbol de molinillos de papel?


Publicado por a333 @ 6:48  | jcparajemanso
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