Lunes, 18 de mayo de 2009
Publicado por a333 @ 22:06  | jcparajemanso
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X Juan Carlos Paraje Manso/

 

Fuente de Espiñaredo,vieja fuente;

¡por un vaso de tu agua

diera todos los vinos y las sidras

que nos vienen de España!

Manuel Rodríguez García.

En los primeros días del presente mes de Agosto, los diligentes empleados municipales repartieron por las casas de Ribadeo, un AVISO IMPORTANTE, en el cual, después de pedir disculpas por la falta de suministro de aguas, debido a las averías surgidas en la conducción general del Rio Eo, el Ayuntamiento aconseja hervir el agua previamente, en los primeros días de su consumo.

Este, que no dudo en catalogar precioso documento, es el pregón de un auténtico acontecimiento histórico: la inauguración y puesta en servicio de la traída de aguas del Eo, que hace el número CINCO de las efectuadas en nuestra Villa.

De 1.536 data la primera, a cuya consecución colaboraron con el Ayuntamiento todos los vecinos, para canalizar las aguas que bajaban de Fonte do Lobo, Monte de Arca, Folgosa y demás regatos confluyentes que, después de mover varios molinos en Folgosa, Reverte y Rio de Obe , venían por la Veiga d´ Aira, Alza, San Francisco y el Campo, en donde se dividía en dos brazos, uno que pasaba por debajo de la Fortaleza y otro por la Plaza, desembocando en Cabanela y en Cova da Vella, no sin antes mover tres molinos, situados al fondo de la hoy calle de Amando Pérez, uno de los cuales fue empujado por una riada al mar.

Para mantener limpia esa primera conducción de aguas con la que contó Ribadeo, el Concejo elegía, los primeros de año, entre otros funcionarios, a un “riero”. Este tenía por obligación, además, limpiar las tres fuentes públicas: la Cavada, la Nueva y la de Gibraltar.

En 1.549 se comisionó al regidor Antonio López para construir el célebre lavadero del Pipelo en el Campo.

En 1.604 Juan Fernández , zapatero, pide y obtiene permiso para poner en la Cova da Vella, fuera de la Cerca, un molino para corteza.

En 1.604 el médico Hernández se empeñó en impedir el embalse de lino en el río: tenía un estanque y el agua del lino era mortífera para sus peces.

En 1.623 se compra por 904 reales un solar en la Rúa de los Hornos para edificar en él la Carnicería (Hoy lavadero)

Habiendo quitado los molineros, en 1.692, el agua del río que viene a esta Villa, acordaron pleitear con ellos, y con los zapateros que se empeñan en lavar en él sus cueros.

En 1.724 se manda subastar la calzada que del Postigo viene a la capilla de la 3ª Orden, con su pretil toda ella por la parte del río (Hoy calle de San Francisco)

Don Manuel Gil de Ortega presenta instancia, que se aprueba en 1.741, por la que se compromete a cuidar de la limpieza y conservación del río, cediéndole la Villa las aguas sobrantes para construir unos molinos sobre el despeñadero de Porcillán.

En 1.763 don Francisco Suárez Villamil reconoce haberse apropiado del agua para mover un molino en su casa de Folgosa. Obligase a cerrar la zanja y no volver usar del agua ni él ni sus herederos pero ... continuó con el molino.

En 1.766, en cumplimiento de la escritura de 1.741 con Gil de Ortega, la Villa deja de nombrar riero

En 1.771 se remató en 580 rs la compostura del cauce del río de 46 varas junto a la Puerta de la Villa, enlosarlo por abajo y arriba y poner pared de cal y canto a los lados. Ese mismo año Arango se obliga a construir a sus expensas el camino, fuente y plazuela de Guimarán.

En 1.772 el maestro de Gramática que imparte su clase junto al Pipelo se queja del vocabulario y modales de las lavanderas.

En 1.775 se derraman por orden del Concejo, los vinos maleados que se expedían en las tabernas, en el río para que los conduzca al mar.

En 1.780 al abrirse el camino de bajada al embarcadero de Figueirúa (Muelle Vello) se descubrió un nuevo manantial en el que más tarde se hizo un lavadero, se reparó la Cavada, en cuya artística fachada figura este año junto a la llave del escudo y se hizo la de la Virgen del Camino.

En 1.803 se cierran las alcantarillas por el peligro que ofrecen abiertas; don Fernando María Miranda y un racionero de la Colegiata, en nombre de todos los vecinos de la Calle Grande (Amando Pérez) piden que se abran algunas para surtirse de agua. Así se hace, dejando cuatro, cuyas compuertas de roble con goznes habían de pagar los vecinos.

En 1.814 Juan Alonso, encargado hace 14 años de conservar el cauce del río, dice que los dueños de los terrenos colindantes “cuasi se quieren apropiar de las aguas para regar sus terrenos”

En 1.839 se quiso ampliar y modernizar esta primitiva red y de su estudio se encargó el sabio ingeniero alemán don Guillermo Schultz, a la sazón en Ribadeo.

En 1.842 se acordó que cada dueño de molino desde las Fontes de Lobo cuidaría de la limpieza del cauce y vigilaría que no se extraviase el agua desde el suyo hasta el de más arriba.

La fuente cuyo venero hacía chorrear los Cuatro Caños fue construida en 1.849 bajo la dirección de don Francisco Torres.

En 1.864 se encarga plano y estudio de traída de aguas desde Fontes do Lobo a don Secundino Regueral.

Se manda hacer una fuente en la Plazuela de la Calle de San Miguel y se deja perder la Fuente Nueva (1.868)

Esta situación persistía en febrero de 1.909 en que fueron examinadas las fuentes del pueblo y sus cercanías con el aparato eléctrico de Boutrón y Boudet, adquirido por la Corporación presidida por el Sr. Cobián Prado, cuyos resultados, a la par que la dotación de fuentes , señalan la preferencia para su consumo:
 

1ª Fuente do Lobo, Pena da Arca y Folgosa.

2ª Fuente del Reguín y de Obe

3ª Fuente del Bolaño en Obe

4ª Fuente 1ª de la Playa de Cabanela (Pocín de San Antonio)

5ª Pozo de Osorio (Claustro de San Francisco)

6ª Fuentes de Guimarán y Nueva

7ª Fuentes de la Virgen del Camino y 2ª de la Playa de Cabanela.

8ª Fuente de Espiñaredo

9ª Fuente de los Cuatro Caños

10ª Fuente Cavada.

 


 

Había los lavaderos de la Alza y el Pipelo; señoras que se dedicaban a lavar la ropa por medio de complicados métodos artesanos, llamadas”coladoras” y otras que hacían un oficio de acarrear agua a domicilio en sellas y herradas. Asimismo muchas de las casas de la Villa disponían de pozos, algunos de los cuales se ponían al servicio del vecindario.Una compuerta, instalada en la Calle de la Trinidad, permitía dirigir el caudal del río a voluntad, hacía el Macelo o La Cova.

Providencialmente -aunque suene a barbaridad-un mes más tarde del examen citado, fallecía en su casa de la calle que lleva su nombre, el indiano originario de Rinlo, don Jesús Rodríguez Murias, legando la octava parte (50.000.-Ptas) de su fortuna, para una obra que su albacea, don Pedro Aenlle Martínez, considerase de verdadero beneficio para el pueblo. Estimada por este señor, como necesidad apremiante, una nueva traída de aguas, hizo el ofrecimiento en ese sentido al entonces alcalde don Emilio García (en reconocimiento a la diligencia del Sr. Aenlle acordó en 1.916 suministrarle gratis toda el agua que necesitase el resto de su vida) y en noviembre del mismo año (1.909) se procedió al aforo de las citadas Fontes do Lobo, Arca y Folgosa, de las cuales confía el ingeniero don Emilio Pan de Soraluce poder obtener un caudal de 108 litros por habitante y día, calculados sobre 4.000 personas de población. El precio de la obra, instalación de fuentes públicas incluida, lo fija en 83.201, 33 Ptas.

En febrero de 1912 ,don Manuel Fernández Tablao “O Pataqueiro”, eterno aprendiz de filántropo, cede gratis al vecindario el uso de su pozo en la Fuente Nueva, al que dota de una bombilla de 15 W para extracciones nocturnas.

En setiembre de 1912, construye la fuente del Pozo, en Porcillán, equipándola de cazo para beber el Sobrestante don José Moiños
 

En octubre de 1.912 se repara la antigua conducción del Alza.

Los trabajos de la nueva traída se desarrollan con desesperante lentitud. En setiembre de 1915, la tubería, ( de hierro, traída de Gijón) llega hasta Cantalarrana.

Dirige las obras el ingeniero de la Minera don José de Pontes y de la Granja.

En Abril de 1.916 hay un pequeño escándalo: el obrero don José Parada denuncia el haberse colocado, a espaldas del ingeniero, buena cantidad de tubos rotos remendados con cemento: por ahí se irá buena parte de la riquísima agua de Folgosa; la Corporación, en consecuencia, decide cobrar a 45 céntimos el m3 de la que consiga llegar a los hogares ribadenses.

Se acuerda adoptar el modelo de fuente Aurrerá Nº 13 (que equipada con grifo automático sale a 45 Ptas., cada una) para instalar en el Campo, (junto a la portada del Sr. Piñón que luego pasaría a Figueirúa), Porcillán, Fuente Nueva y Cuatro Caños. Después se añadirían las de los Garitos, Virgen del Camino, San Roque, Hornos, Recarey, Alza y San Lázaro. Lavaderos en Recarey, Pipelo, Figueirúa y Porcillán.

En Noviembre de 1.916 se terminaron las obras. Alcalde : Don José Díaz Braña.
 

En Febrero de 1.919 se clausura el Pipelo y en Noviembre del mismo año se construye el lavadero de Hornos (único que subsiste) en el local del antiguo Macelo.

Las frescas linfas de Folgosa fueron durante muchos años uno de los legítimos orgullos de los ribadenses y, particularmente, tengo la satisfacción de haberlas bebido “a la catalana” en todas sus fuentes; pero el aumento de consumo, unido al deterioro y continua pérdida de la conducción, hicieron que, de nuevo, el abastecimiento de aguas se hiciese problema capital.

Una nueva traída se imponía y, siendo alcalde Pancho Maseda, se construyó en los años 60, embalsando el Río Grande en las faldas del Mondigo y enclavando el depósito en Santa Cruz. Se empleó tubo de drena, para substituir en su totalidad la vieja red de hierro, lo que obligó a cubrir las aceras de imperecederas cicatrices. Realizó la obra don Marcelino Barcia ,de Vegadeo y su presupuesto ascendió a 7 millones. Se instalaron nuevas fuentes: Río de Obe, Atalaya, Cabanela, Parque, Rinconada de San Francisco, Canapés y C. Arenal, estas dos procedentes de la Plaza de Abastos.
 

Era la cuarta de las conducciones de aguas a Ribadeo, algunos de cuyos encargados es menester recordar: “O Paulo”, don Jesús “O Porteiro”, don Manuel Forés Sueiras, don Francisco Loredo Yáñez, don José Antonio Fernández Villarino y el actual, mi condiscipulo, Jaime Arias.

Pero Ribadeo seguía padeciendo sed; en los veranos eran frecuentas las carencias del precioso liquido y tal déficit jugó una importante baza negativa a la hora de vislumbrarse la instalación de alguna industria. Sabíamos que nuestra sed de siglos sólo podría calmarla el anchuroso Padre Eo que ahora llega a nosotros por el camino que abandonó el tren de Villaodrid.

Que seas bienvenido, Eo. Si desde la noche de los tiempos nos diste nombre, hoy nos das vida. Si desde el nacimiento a la razón saboreamos el dulzor de tus dos vocales-expresión a la par de nuestra más intima identidad-hoy degustamos tu limpidez y frescura. Si desde siempre te vimos pasar en tus diarias bodas con el Mar, hoy te recibimos en nuestros hogares y nos sentimos, más que nunca, hermanados a Ti.

¡BIENVENIDO SEAS, EO!


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