Mi?rcoles, 27 de mayo de 2009
Publicado por a333 @ 7:53  | jcparajemanso
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x Juan Carlos Paraje Manso/

 

Pasaba poco de las tres de la tarde del domingo 28 de setiembre de 1.919 cuando un grupo de ribadenses, en su mayoría marineros y chiquillos de Porcillán, presenciaban una interesante maniobra: bajo el mando del Capitán de la Marina Mercante, don Rafael Sanjurjo, Presidente de la Junta Local de Salvamento de Náufragos, unos cuantos hombres procedían a botar al agua, por la Rampa de Porcillán, una extraña embarcación de forma ahusada, pintada de gris azulado, y con su nombre en letras blancas: “FERNANDO VILLAMIL”.

Era esta una lancha de salvamento considerada insumergible, con ese nombre bautizada en honor del ilustre marino de Serantes, que había sido construida en Barcelona en 1.914 y que había venido a substituir, en la Caseta de Salvamento de Náufragos de Guimarán, al viejo “González Ovies” destinado a San Esteban de Pravia.

Con objeto de efectuar las reglamentarias maniobras y ejercitar a los tripulantes en su manejo, luego de examinar detenidamente la embarcación, aparejos y pertrechos, dispuso el Sr. Sanjurjo la salida a vela aprovechando el viento fresco. Hízose pues a la mar, componiendo la tripulación, además del Capitán citado, los expertos marineros, amarradores del Cargadero la Minera de Villaodrid, José Villarino “Chicaro”, Juan Muñiz, Césareo García “Plagas”, José Acevedo, Gumersindo Rivas y Juan Martínez “Tolete” y su hijo Luciano.

Poco duró la navegación: a la altura de la Cueva de los Encantos, cuando se preparaban para ceñir la Punta de Deshonrabuenos, prestos a ganar Cabanela, una brusca ráfaga de duro temporal acometió al insumergible haciéndole zozobrar. Un grito de dolorosa sorpresa desgarró la garganta de todos los espectadores. Al punto los hermanos “Tapiegos” se despegaron con un bote de la Dársena y acudieron presurosos en auxilio de los náufragos que, en cuestión de segundos, habían trocado su bizarra condición de orgullosos valedores, capaces de acometer las más arriesgadas empresas, en la de las victimas más necesitadas de ayuda. Entretanto, desde la Playa de Cabanela, Bruno Martínez Fernández “el Barquillero”, qué había presenciado la dramática escena, en un rapto de arrojo suicida se lanzaba al mar embravecido, llegaba hasta los supervivientes, les infundía ánimos con gritos de aliento y les ayudaba a desembarazarse de sus prendas de abrigo que les impedían libertad de movimientos.

Minutos después en el Muelle de Figueirúa, a donde acudieron presurosamente el Cura Párroco, Sr. Amor Méndez, el Alcalde Sr. Torres Patiño, el Teniente Coronel de Carabineros, el Ayudante de Marina y otras autoridades, dejaba de existir José Villarino, pese a los cuidados prodigados por los doctores López García y Fierros Carreira, y se daban por ahogados a Gumersindo Rivas, que aparecería al domingo siguiente junto al Cargadero, y a Césareo García hallado el martes. Este último era el esposo de la popular Xoquina, aquella buena mujer de excelente humor y gran presencia de ánimo que, ante la desesperada actitud de las llorosas vecinas que iban a acompañarla en su hora de infortunio, decía para consolarlas: “Calai, mulleres calai: que todavia pode estar por ahi agarrado a un penedo...”

Este luctoso acontencimiento, entre los más trágicos que ensombrecieron la Ría en todos los tiempos, es recogido con detalle por “Ribadense” de 2-10-19 y por “La Comarca” de 5-10-19, precisamente en el número en que se iniciaba su dilatada andadura.

Lo repentino e inesperado de la catástrofe, acaecida ante los ojos de los familiares, amigos y convecinos de las victimas, conmocionó al pueblo. Se suspendió el concierto de la Banda de Música y la Función de Cine en el Teatro, en señal de duelo. El Párroco costeó los solemnes funerales,se abrió una suscripción pública encabezada por el Obispo de la Diócesis Sr. Solis y se celebró una sesión de cine -previa circular-convocatoria del Sr. Alcalde- cuyo importe se destinó a aliviar la situación de los deudos de los infortunados marineros.

Después de instruir expediente el abogado D. Justo Barreiro Pico, Secretario de la Junta Local, la Junta Central de la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos acordó el aplicar auxilios y pensiones vitalicias a las esposas e hijos de las victimas, indemnizar a los supervivientes, premiar a José López, Antonio Bellón, Ricardo Penoucos y José Rodríguez, con 30 Ptas. a cada uno, por la valiosa ayuda prestada en el rescate, y conceder al temarario Bruno “el Barquillero” la Medalla de Bronce y 40 Ptas. por el hermoso acto de solidaridad con los desdichados náufragos en el que arriesgó su vida.

Asimismo, se tomó la decisión de guardar en su Caseta de Guimarán a la insumergible, suspendiéndola de toda actividad, hasta que, por medio de un detenido examen pericial, se comprobase su estabilidad y resistencia y quedara establecida la garantía de preservar de riesgos a sus tripulantes.

Y desde ese día, allí estuvo y allí continua, en espera de un perito que la redima, o la condene, ensombrecida por un drama que todos los ribadenses, desde niños, escuchamos de labios de algún viejo marinero, unido a un nombre:”FERNANDO VILLAMIL” sinónimo de valor y tragedia en el mar.

 


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