Jueves, 25 de junio de 2009
 

x Juan Carlos Paraje Manso

En el frio atardecer del 20 de octubre de 1.978, recibían cristiana sepultura, en el panteón familiar de su Burela natal, los restos mortales de don José González Basanta, y en ese momento se cerraba toda una época de la vida pesquera ribadense.

Hace más de veinte años que los Hermanos González Basanta, armadores de Burela, convencidos de las excelentes condiciones de Ribadeo como puerto pesquero, decidieron instalarse definitivamente en nuestra Villa. A partir de entonces la silueta de “las parejas”, una de ellas construída en la Villavieja, sería un elemento familiar para los ribadenses. Una vez más, nuestro puerto, era escenario de un intento serio de industrialización pesquera, y los desiertos, inútiles muelles, se hacían de nuevo estampa viva de febril actividad marinera. Incansables paladines de este puerto, los Hermanos González Basanta no se limitaron a desarrollar su industria, sino que, con su actividad y aliento,fueron un acicate para los pescadores y hombres de empresa de estas riberas que, aunque siempre indiferentes y esquivos a lo que a la mar atañe, fueron cobrando, merced a la presencia, ejemplo y apoyo de “Los Decanos”, como familiarmente fueron bautizados, una conciencia marinera y pescadora. Timidamente primero, con barcos equipados con todos los medios, después, el puerto de Ribadeo vivió una época de esplendor pesquero en la que era fácil ver , en una noche, hasta una docena de barcos descargando en Mirasol el producto de su trabajo, con el consiguiente movimiento de tripulaciones, compradores, transportistas, talleres y servicios, que comporta el mantenimiento de una flota, traducido en beneficios para centenares de familias de esta zona.

La empresa José González y Hnos.-que en algún momento tuvo una plantilla de cerca de un centenar de hombres, la más numerosa que empresa alguna haya tenido nunca en nuestra Villa -fue la principal causa de que el nombre de Ribadeo-rada dormida, refugio efímero en días de temporal,- sonara fuertemente y brillara con luz propia en el mundo pesquero, dió una enérgica sacudida a nuestros animos sesteantes y propició una época dorada de dificil repetición.

Año tras año, volcada toda su actividad y todos sus intereses en el mar, “Los Decanos” fueron renovando sus embarcaciones, adaptándose a las exigencias de los tiempos e incorporando los últimos adelantos técnicos. A los barcos de vapor siguieron los arrastreros de motor diesel , (protototipos de una serie de características ideales) y a las embarcaciones de madera sucedieron las de acero. Al llegar a este punto se puso de manifiesto, una vez más, el arraigo de esta empresa familiar (que siempre antepuso su prestigio a su beneficio, sus afectos a sus utilidades, su corazón a la razón) al puerto de Ribadeo. Aunque estas últimas embarcaciones estaban construidas y equipadas para fanear en el Gran Sol, siendo su natural puerto de descarga y mantenimiento el complejo portuario de La Palloza en La Coruña, José González y Hnos, siempre fieles a este puerto y a esta Ría-escenario de su fulgor y de su duelo-realizaron aquí, en varias ocasiones, las descargas del Gran Sol-una faena sin precedentes- en un esfuerzo tan inútil como entrañable, tan meritorio como desesperado, para que se erigiera nuestro puerto como base de barcos del Gran Sol.

El gesto, ruinoso económicamente, no fue (o no pudo ser) comprendido por aquellos a quienes correspondía: el puerto de Ribadeo, sin calado, utillaje, combustible, hielo, transportes, personal, varaderos ni instalaciones adecuadas, no estaba preparado para obtener lo que los grandes puertos asturianos han podido conseguir, y las flamantes naves metálicas, bien a su pesar, tuvieron que aglutinarse en el redil babélico del puerto de La Coruña.

“Los Decanos”, como gentes bien nacidas, siempre hicieron del lugar de origen su blasón: el nombre de Burela figuró siempre en el puente de sus barcos; pero su corazón, su esfuerzo, su hogar y su vida, siempre irán unidos a Ribadeo, donde supieron crearse una aureola entrañable, conquistaron y fueron conquistados y sin proponérselo ni imaginarselo hicieron época. Por ese motivo, los que tuvimos oportunidad de conocerlos, de trabajar a su lado, los que sentimos intimamente las cosas del puerto, las cosas de Ribadeo, no podremos jamás ver su insignia sin sentir un escalofrio de orgullo y de emoción, la misma emoción que nos embarga a la muerte de su fundador, don José González Basanta, un hombre esencialmente bueno-desaparecido en una época en la que se mueren demasiadas cosas y el sol se pone con frecuencia dolorosa en nuestro mar y nuestro suelo -cuyo nombre queda para siempre vinculado a la historia de nuestro puerto, que es la historia de Ribadeo. Descanse en paz.


Publicado por a333 @ 7:26  | jcparajemanso
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