Jueves, 23 de julio de 2009
Publicado por a333 @ 9:35  | historia ribadeo moderna
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x Xustin
MIL NOVECIENTOS Y ALGO.

La Calle de Buenos Aires, carretera que desde la Plaza Mayor conduce al Muelle de Mirasol, fue en OTRO TIEMPO-según la nomenclatura vial-la Calle de Figueirúa que moría en el mar, empedrada hasta la misma rampa del embarcadero.
Apacible y silenciosa, rompían su tranquilad la salida alborozada de los niños de la escuela de Dª Paquita, los martillazos de la herrería de Landó y las campanas del Convento de las Clarisas. Sus noches eran deliciosas. Se esperaba placenteramente la llegada del sueño oyendo el batir del oleaje en las rocas "da Cova da Vella", ó con el roce de las rigidas hojas de los magnolios de la Huerta de Piñón, en los días en que el vendaval sacudia, furioso, la arboleda.
Allí vivía un sastre ágil y menudito, que todas las mañanas a las once suspendía su trabajo, cerraba el taller, y se dirigía con paso corto y a toda prisa a realizar el rito de beber un vaso de vino en la taberna del Maragato.
Adornaba la calle en vacaciones, la señorial presencia de un ilustre magistrado, siempre de negro, corbata y sombrero, portando un bastón con regatón metálico que retumbaba sobre las aceras de granito con la contundencia de golpes de alabarda. Tenía una voz timbrada y con clarísima dicción que dejaba su resonancia en toda la calle cuando se alejaba en sus paseos camino de la Villavieja.
El tono furte, rotundo, galaico del magistrado, guardaba curioso contraste con el acento madrileño de unos parlanchines artistas que se albergaban en una casa de huespédes, componentes de una compañia de cómicos que todos los veranos actuaba en el Teatro interpretando impersionantes dramas. Estos forasteros amaban el mar y practicaban el deporte de la pesca desde el Pantalán, capturando los sabrosos Panchos que añorarían en su abstinencia madrileña desde los barrios de Cava Baja y Embajadores.
Como barrio vecino de la mar, el embarcadero de Figueirúa compartia con Porcilán el tráfico marítimo con Vegadeo, Castropol y Figueras.
Una familia de marineros de gente buena, noble y trabajadora, llenaba la Calle con su alegria. En el portal de su casa se apiñaban vergas, risones, velas para recoser y estrobos para reforzar. En sus embarcaciones cruzaban la Ría los ribadenses para trasladarse a los puertos asturianos o para disfrutar del placer de la "zalea", ese inigualable recreo, sereno, contemplativo y relajante en el que se saborea la mar, se abraza al sol y se besa al viento. Inolvidables los días de nordeste fresco haciendo el  recorrido a vela desde Figueirúa a Verbesa, desde la Fuente de Espiñaredo al Pinar de Fontela y desde el abrupto Costal hasta acariciar con la quilla el fondo gangoso de Vilavedelle.
En la casa de la esquina de la Calle de Figueirúa con la de "Ruanova", estaba la escuela de Dª Paquita y D. Aniceto. ¡Un matrimonio angélico! En esa escuela aprendieron muchos niños las primeras letras, escucharon con asombro los primeros cuentos y se iniciaron en los primeros apodos. D- Aniceto dormía la siesta ante un encerado cubierto de números y Dª Paquita interrumpía sus funciones pedagógicas para vigilar en la cocina el hervor de los pucheros.
En la otra esquina estaba la fragua de Landó que tambie´n era músico. Todos los sábados iba al ensayo de la Banda de Música en la Academia Municipal, llevando colgado del h ombro un enorme instrumento de metal dorado, por cuya boquilla soplaba con energía para lograr profundos sonidos, manejando hábilmente las clavijas con sus robustos dedos. Los niños frecuentaban su fragua atraidos por el chisporroteo de la rueda de afilar y por las brasas del fogón que avibaban con el aire del fuelle. Constrúia magnificos cuchillos para cortar las hogazas de pan moreno y trocear las suculentas empanadas de longueirós. Por ser músico y herrero, los timbrados golpes de martillo sobre el yunque guardaban armonia con el vocerio de los niños de la escuela, cantando a voz en grito la tabla de multiplicar.
La calle era un coto para la libertad de los niños pequeños. Solo se alejaban de ella, con sus padres, en los cumplidos familiares o e nlos días de Fiesta. Era de gran solemnidad el persenciar desde el Muelle de Porcillán las Regatas en la Ría; asistir ocn plama o laurel a la Misa del Domingo de Ramos y contemplar la alegre y colorista Procesión del Corpus, con su profusión de imágenes, escolta de Guardia Civil y Carabineros y respirar la mezcla del humo perfumado del incienso con el anisado aroma del "fioncho"
Había en esos tiempos, costumbres, sucesos y personajes de los que se habla en otros cuentos.

La Comarca 6 de junio 1.987


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