Viernes, 14 de agosto de 2009
Publicado por a333 @ 7:38  | justin navarret
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x Justin Navarret

Voy a salir a la palestra (como diria un periodista) algo que pertenece al pasado y que para mi recuerdo es un sedante y para mi ánim un handicap que a veces resulta decayente, ya que al r ecordar la interminable lista de fechas, nombres de barcos y de actividadaes de este marinero y trabajador barrio de Porcilla´n, me obliga a que mi memoria se vuelva a mis años mozos que con el paso del tiempo suele resquebrajarse y ser fácil el omitir algún detalle que puede ser del mayor interés. Pero, ya que esto que escribo es un pasatiempo-¡como no!-el decir que mis principales lectores son mi mujer e hijos y, quizá, puede que algún amigo que se interese por extraeer algún dato de estas memorias.

Después de aclarar este punto, es obvio decir que se trata de dar cumplida cuenta del movimiento portuario de Ribadeo que la naturaleza supo regalarnos para el desarrollo de su actividad y que su movimiento cosntsante y diario le dió ese don de gran señor que es, esta hermosa Ría, en donde se desarrollan estos estos hoy históricos hechos.

La actividad del Puerto de Ribadeo era una cadena que movilizaba a diario a gran número de gentes que se ganaban el sustento como obreras u obreros y así conseguir su adorado y necesari jornal.

En estos trabajos poco remunerados, no solo los hombres eran protagonistas, también había un nutrido grupo de mujeres que abandonaban sus quehaceres caseros y se incorporaban al trabajo para con ello sacar algún inero para el sostenimiento de su hogar. Recuerdo como yo llevaba en mi colo a un hermano menor, para que mi inolvidable madre lo amamantara con su robusto pecho.

Por respeto a estas mujeres, son las que tendrán prioridad en es te mi recuerdo, ya que puedo decir: “las señoras primero, por favor”.

Los trabajos arduos y pesados hacían que el equipo fuese fuerte, joven y compacto; las faenas eran duras y consistían en descargar la mercancia de las gabarras, las cuales se abastecían de los barcos surtos en el Puerto. La mercancía era muy diversa: farados de bacalao, higos pasos, licores, “bocoyes” de excelente vino de La Rioja, harina, guanos, cocinas Corcho y un sin fin de otros productos que se descargaban en El Pantalán o en sus inmediciones. Los carros y zorras (medio de transporte de entonces) estaban a cargo de las casas receptoeas de las mercancias: El Raxao, El Moreno, El Puxa o Soberbio ... La tracción animal , con bueyes, los que ponían en su interior y en estivas la mercancia y asi con la ayuda de los arrieros y del equipo femenino cargaban estos rudimentarios transportes para subirlos al pueblo y distribuir a sus receptores. Aún recuerdo cuando dcían: Esto é pra Gayol, o guano e pra Guisán y osbocoys e o bacalao para os Perecitos... Y así iban distribuyendo y cobrando los portes a unos y a oros para -al terminar- repartirse la soldada, que así llamaban a lo que ganaban para el trabajo. El equipo de trabajadoras lo formaban mujeres de pescadres o e portuarios, de entre las cuales recuerdo a Felisa de Corada, Petra, Rosario, A Crixa, mi madre Pura, Rosa do Cú Cagao, La Chata, Las Faroleras, Joaquina, Emilia de Rivas y oras más. No quiero olvidar a Juanita de Miguel do Ferreiro ni alguna Corbella. La distribución de gananciales se realizaba en las escaleras de Martínez y era pública. Las diferencias entre ellas daba lugar a fuertes discusiones, aunque todo era momentaneo y sin mala intención ni rencores. Se hacian montones de monedas de una peseta, cuatro reales o diez perras gordas; no hacían división alguna, pues en aquel tiempo el analfabetismo imperaba. Distribuían asi “sete patacos” pra cada una y los sobrantes se seguían hasta terminar la partija. La más espabilada preguntaba: ¿A ver canto levas? -Seis ras y un perrón-respondía la interrogada. Y contaban y recontaban, hasta saber que todas iban con el mismo jornal y que no eran engañadas.

El trabajo de los portuarios en el Muelle de García o “El Pantalán” era la descarga del vapor de turno que con su maquinilla de vapor, sus puntales y sus ostas hacían la descarga y en grandes estivas se iba depositando en el Muelle; las especialidades del personal se componía de un ostero, maquinillero, amantero, estivadores y un encargado capataz. Los que en esto se ocupaban eran: Tolete, Ramos, un Navarret, Pistón, Bellón Pépe, Vixguento, el Viejo y algún agregado más tal como Luciano del Crixo o Antón de Irene. Estos eran, a grandes rasgos, los que formaban parte de la colla.

Las cargas de algunas mercancias se hacian por el mismo procedimiento: Las zorras y carros las aproximaban en el muelle hasta el costado del barco y a bordo, los estivadore acomodaban cebollas, patatas, maiz y algunas conservas para ser trasladadas a los puertos de Gijón, Santander, Bilbao y algunos a La Coruña. Los buques que generalmente se dedicaban al tráfico de estas mercancias eran el “Pitas”, el “Recalde”, el “Luis Vives”, el “Amada”, el “Lolita Goday”, el “Adela López”, el “Sofia López”, el “Rafita”, el “Castro”, el “Fornel”, el “Paco Grcía”, el “Magdalena”, el “Toñin”, el “Ineschu”, el “Evaristo “ y el “Gijón” éste de armadores de Ribadeo. De esta nutrida flota, diré que tenían prioridad algunos como el “Gijón”, por su capacidad interior para acomodar la mercancia, consistiendo casi siempre en el ganado vacuno con destino a Santander. Otro era el “Luis Vives” que tenía la exclusiva del petróleo y de la gasolina; su retorno era el vacio de barrilería en los que traia los hidrocarburos. El “Magadelena” repletaba su bodega con cebolla, castañas, conservas de pescado y cárnicas, y así se distribuía el movimiento de ida y regreso de este gran comercio e industria que el Puerto, la mar y los vapores nos ofrecían para el desarrollo marítimo que hoy ya casi desaparecido (al menos en el cabotaje) significaba el sostén y vida de nuestra colectividad.

A todo esto hay que añadir a los grandes cargueros, aquellos que en el Cargadero hacían sus operaciones de mineral de hierro con destino a Inglaterra o Rotterdam ya que nuestro mineral era de gran estima para practicar lasm ás completas e interesantes aleacines con otros minerales para la fabricación de armamentos así como cañones y piezas de la mayor precisión.

A grandes rasgos esto es más o menos lo que fue nuestro Puerto en las décadas de 1920 a 1940. No me queda mucho por decir. Pese a todo lo que antes narré, deja en el tintero muchas anecdotas que en otra ocasión ire escribiendo con sumo gusto.

LA COMARCA DEL EO 1988

 


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