Viernes, 14 de agosto de 2009
Publicado por a333 @ 19:31  | justin navarret
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x Justín Navarret

J. Acevedo, ferrolano de nacimiento se integra en el Padrón Municipal allá por el año 1.890, para ser un vecino más de nuestra Villa, así como uno de los más destacados marineros. Estaba casado con la también ferrolana Pilar. Fruto de su matrimonio fueron sus dos hijos Manolo y Pepe. Al mayor no le gustaba la mar; trabajaba en la marmolería de “Simal” y en neustra guerra civil perdió su naciente vida. Pepe, el menor, murió muy joven e una enfermedad en aquel tiempo incurable. El matrimonio siguió luchando por la vida hasta sus últimas consecuencias. Acevedo era hombre rudo, curtido por el mar... Fruto de su desgaste marinero era su viejo andar y su curvatura ósea.

J. Acevedo navegó en buques de época con el cargo Bosman contramaestre; su gran pericia y destreza eran patentes en el manejo de todo lo marinero; tejía guirnaldas, toda clase de costuras, relingaba y cortaba las velas con gran primor.

En ocasiones especiales se vestía su traje nuevo de mahón para asistir a alguna ceremonia fúnebre o religiosa.

Muchos años pasaron para José Acevedo y su mujer Pilar, salpicados de amarguras y necesidades y se vieron y desearon para ir ajustando sus siete duros de sueldo y estirarlos como cuerdas para hacerles llegar a cubrir los gastos más perentorios. Sus vicios eran fumar en exceso y t omar mucho café, siempre con gotas. Eso si, que no faltaran las gotas. José Acevedo era hombre sufrido, callado y muy serio; parecia llevar pareja su suerte precaria e inhóspita con su vida. En ocasiones demostraba antipatia hacia los niños; era huraño y esquivo con ellos y me supongo que sería por algunas contrapartidas como saltar en su bote, deteriorar su vela o romper algún remo; eso le ponía de humor de perro, así que no era partidario de mimar a ningún adolescente.

Este hombre alla por los años de la Primera República, se cansa de navegar y se incorpora a la familia pescadora. Su amigo de fatigas, Salero, comparte bancada con José, para dedicarse a la pesca de cabras, gayanes y julias en cuyo arte no eran grandes especialistas, por lo que sus ganancias seguian en signo descendente. Se ayudaban con algún trabajo portuario, asi como reparando velas de nuestros veleros t ransoceánicos como la “CARLOS”, la “ANTONIA”, el “RIBADEO”, el “VEIGUELA” y otros y con alguna chapuza en gabarras y botes.

Es significativa la siguiente anécdota : En ocasión de una visita acaecida por el Rey Don Alfonso XIII a Castropol para inaugurar el monumento al g ran marino Fernando Villamil, le obsequiaron con un juego de defensas y una empavesada, tejidas de forma primorosa por José Acevedo y Salero; Su Majestad el Rey agradeció el detalle y les invitó al banquete que en la vecina Villa se iba a celebrar con motivo de tan solemne inauguración.

Pasado el tiempo, Acevedo viaja un día-como muchos otros- y se encuetnra con la sorpresa de que un niño estaba tirando del cabo de su bote, lo que -como ya dijimos- no le gustaba nada. José da una veloz carrera y sorprende al pobre Manolín (así se llamaba el niño) al que propina unos azotes y le llama morral y algún otro improperio y calificativo, y para ahuyentarle le dice: ¡Me cago en el último puntal del firmamento! Manolin conocía de cerca el genio de Acevedo y con el paso del tiempo se fue fraguando en su cabaza lo que le llevaría a ser paloma mensajera y ser querido por su ogro José, Manolín fue recopilando ideas y escogiendo alguna que le llevara a la amistad y poder ser querido y ganar la partida a su enemigo...

Diré que Manolin era hijo de Estrella, casada o arrimada a un portugués (el Pexeto); tenían una ija que se llamaba Etelvina, vivían pobremente y se dedicaban a la pesca por el Muelle, de noche a las barabadas y a la maragota y así poder hacer un pote de verdura y unas patatas acompañado con un hueso y un poco de unto. La comida para Manolín no era respetada y a la cena su plato siempre eran sopas con vino endulzado con azúcar morena, porque era más barata. Se echaba a la calle a mendigar algun mendrugo de pan o un plato de caldo, a cambio de algunos recados a unos y otros: ¡Nolo, cogeme de agua!...¡Nolo, traem dos amarraos de tabaco!...¡Nolo lleva esto a fulano!...Era tal su rapidez que en un abrir y cerrar de ojos ejecutaba sus mandato.

Un buen dia, bajando al Puerto, coincidio detras de Acevedo; este iba liando un cigarro, saca un mechero de yesca y pedernal, lo acciona varias veces, enciende su tabaco y al meter los pertrechos en el bolsillo, nolo ve que algo le cae (era el pedernal), lo recoge, se dirige a Jose y se lo enrega:

-¡Acevedo! ¿Ser´´a suyo?

-¡Claro que es! Le mira de arriba abajo y le replica a Nolo:

-¡Esto no quiere decir nada, señor! ¡Ojo que la vista engaña!...

Manolin agacha su cabeza y da una carrerita para escapar de aquella embarazosa situaci´´on. Ya vendrian tiempos mejores, penso.

Al dia siguiente en su recorrido habitual, Manolin pasa frente a la casa de Jose -en la que Pilar estaba- y esta le dice:

-¿Vas muy apurado? ¿Me llenas este botijo de agua?

-¡Como no, buena señora!
Pilar estaba muy delicada de salud y no podia ir a por el auga. Nolo cogio el porron y se fue a todo meter a buscar el agua. En un santiamen regresa con el agua fresa y se le ofrece a Pilar para hacerle cualquier otro recado. Pilar lo manda a la plaza a comprar alguans cosas para poner el puchero al fuego. Al llegar a comer su marido, este le desaprueba el que haya ido a buscar agua y menos que haya ido al mercado.
-¡No, Pepe, no! No fui ni a por el agua ni a la plaza. Paso por aqui ese chico que le llaman Nolo y se me ofrecio. Es muy obediente.
Acevedo bajo su ceño, un tanto dictatorial para dar paso a una sonrisa.
Llega nuestra guerra civil cuando a la sazon Jos´´e es miembro de la Sociedad Obrera, condicion indispensable para poder trabajar en la colla del Puerto.
Los franquistas invaden el pueblo y buscan con lista en mano a todos los pertenecientes a la referida Sociedad, para ser detenidos o para cosas mas graves que prefiero no recordar. Nuestro protagonista esta asustado y encerrado en su casa a cal y canto esperando acontecimientos y noticas favorables que tardarian en llegar...
Para Manolin algo habia cambiado; en las horas de comer recorria el cuartel militar en el que era invitado a comer a rancho. Comia, hacia algun recado a los soldados y le regalaban algun chusco asi como algunas conservas (Entonces aun no habia llegado el hambre canina de los cuarenta) Mas tarde recorria el pueblo, se enterabade algunas cosas e iba a dar cuenta de ello a aquel que le parecia estaba interesado en saberlo. Un soldado le dice:
-¡Chaval! Me vas a por la prensa? Nolo asiente con la abeza y dice:
-Si ...como no!
Nolo corre, vuela y en escasos minutos regresa con el periodico . El militar le pregunta si fuma y Nolo contesta:
-Yo no, pero mi padre si fuma. Y el soldado le da unas cajetillas de pitillos y un paquete de picadura.
Nolo sale del cuartel como un rayo y como su cabeza iba siempre cavilando, se acuerda de Acevedo ¿Que sera de el ? se pregunto
Me enterare. Efectivamente: pasa por la puerta de los ferrolanes, llama a la puerta, sale Pilar, se saludan:
¿Como esta señora?
-¡Bien, bien! ¿Que se te ofrece?
-¡Nada ! Pasaba por aqui y ¡Mire! Me dieron este tabaco para mi padre, que no lo merece. Ayer me dejo sin cena, asi que si lo quiere para su marido se lo doy
-Bueno, Te lo agradecera. Hace dias que no fuma. Escasea tanto.
Ya vendre otro dia hacerle algun recado.
-Bueno, guapin. ¡Ven cuando quieras!
Y Nolo como siempre se marcho corriendo a todo meter.


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