Lunes, 17 de agosto de 2009
Publicado por a333 @ 19:58
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 x Justin Navarret

 

Bien es verdad que los marineros no tenemos muchas ocasiones de irnos a oir Misa porque para nosotros todos los días de bonanza son buenos y necesarios para salir a la mar buscando con pericia y constancia una rica marea de pescado o la fácil singladura para recalar al puerto de destino; pero, sin embargo, hemos de reconocer que cuando en el añorado verano llega la festividad de Nuestra Señora del Carmen, nos vestimos de gala y nos vamos con un cariño misterioso y de veneración a escuchar la Misa, a cantar la Salve con emociones y lagrimas, a asistir con fervor y recogimiento a la procesión bien por tierra,bien por mar con nuetra lancha bien pintadina, disparando fuertes palenques y tocando la bocina con mensajes de amor, de paz y de confraternidad o envidiando a los pescadores que vestidos de gala con sus ropas de marino, llevan con lágrimas en los ojos y mimosamente a la bendita imagen de la Virgen Santísima.

Esto me trae a la memoria un hecho ocurrido un dia del Carmen en Gijón.

Navegaba yo de marinero en aquel vaporín que casi todo el mundo quiso, llamado “PITAS” y conocido por el Correo de Vegadeo, cuando aquel patrón que tanto quisimos todos llamado Manuel, vestido excepcionalmente con ropas de domingo (él andaba de faena porque siempre estaba trabajando de una forma u otra) en el muelle del Antepuerto llegó al costado del barco (allí amarrado en espera de cargar chatarra al dia siguiente y con destino a Vegadeo) y con el énfasis que le caracterizaba y con el cariño que siempre tuvo para todo el mundo, nos dijo:

-¡Señores! ¿No sabeis que día es hoy? Es la festividad de la Patrona de los hombres de la mar y a las doce se celebra en la Colegiata la Santa Misa en honor de la Virgen del Carmen. Poned las banderas y asearos y vamonos todos a oir la Misa. Bueno, si así lo deseáis.

Todos estabamos vestidos de faena y lo que menos esperabamos eran aquellas horas de asueto que siempre tanto anhelabamos.

El contramaestre, un viejo patrón de Luarca, roñon y borrachin, cuyas virtudes como marino dejaban bastante que desear, tuvo algo que replicar y por bajines susurro:

-Vete tú. Si fuera para una buena comilona, no nos invitabas. Era Severo, el enfurruñado de siempre que lo que mejor hacía era poner al amenecer a machacar arenques y comerselos sin pan y sin nada con un vaso de vino.

A todo la dotación nos dio verdadera rabia que tratase así al bueno de Manuel y -a excepción de el- nos apresuramos a cambiarnos de ropa y nos fuimos con el Patrón. Pepito el Fogonero, Ataulfo-hijo de Manuel-yo y algún otro de a bordo.

Severo con la mala leche de siempre se quedo mirando para nosotros a la vez que decía:

-¡Nunca faltan adulones para estas cosas!

Pepito el fogonero que le oye le replicó:

Esta ceremonia no es para todos. Si lo es, para los adulones de Nuestra Señora, la Madre de Dios.

Y toda la dotación, a excepcion de aquel eterno descontento de Severo el Contramaestre de a bordo, nos unimos con cariño al buen patron Manuel y contentos nos fuimos a oir la Misa del Carmen con amor y devoción como marineros y buenos hijos del Mar.

La Comarca del Eo 1988


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