Jueves, 03 de septiembre de 2009
Publicado por a333 @ 7:25  | justin navarret
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X JUSTIN NAVARRET

 

De Penoucos habría mucho que hablar y que escribir. A mi en particular me gustaría airear algunas de sus múltiples facetas, que al paso del tiempo creo sean significativas de como fue este personaje ya que bien se merece que alguien lo recuerde y lo refleje para el recuerdo de la posteridad, quienes eran sus amigos, su gran pasión por el mar, su trabajo y su honorabilidad hacia todo su entorno; era un “Non Plus Ultra” en su Porcillán que tanto quiso y tanto amó.

Su carácter bravucón, inhóspito, cambiante y ocurrente, le daba una personalidad varia. El Xarolo decía de él que era barómetro. Cuando se ponía “debruzado” en su corredor, la metereología podria sufrir algún cambio y el tiempo de vuelta:

-¡Emilio!-decía: ¡Arisa a velaqu va haber vendaval!

Sus innumerables amigos eran de distinta categoría y calaña; lo mismo dialogaba con el Fandolio (Camilo) que con Tatá o Corada, aunque tenía otros que para él eran respetuosos y entrañables.

Uno de ellos era el presbítero de Vegadeo, don José Fernández, que como gran amigo lo visitaba en sus desplazamientos a la Villa.

-¿Como estás, Penouquiños?-Le decía.

-Ben ¿E tú Pepe? Xa vexo que ben. O viño de misa dache bon color. As vir comer o caldo. Tamén teño raya en caldeirada, que xa sei que tanto che gusta!

-Bueno, querido. Xa vendrei si Dios quiere y el demonio no se interpone.

El bueno de don José compartía con su amigo mesa y mantel para saborear aquel caldo que alguien dijo “levanta os mortos”. Su exquisita caldeirada de raya que hacia que el eclesiástico se chupara los dedos y que le encantaba (a lo mejor tiña fame) provocaba siempre la misma conclusión:

-Me has de dar la receta, Penouquiños, pues está ¡Barbara!

-Pra que la ques Pepe... Os curas nun entendedes de mejunges.

-¡Ay!... Eso t e lo parece a ti- contestaba cariñosamente don José.

El señor presbítero charlaba y comía con afán en compañía de su entrañable amigo Penoucos y tras elogiar repetidas veces al cocinero le dice:

-Bueno, te dejo querido amigo; voy a Figueras a visitar a mi primo el Noruego, pues ya sabes que es celoso y si sabe que estuve contigo y que no fui a verlo a él, me mata.

Otro de sus incondicionales don Camilo Barcia Trelles decía que Penoucos era hablador, ocurrente y simpático y que gustaba de estar al día de todo lo sucedido, Penoucos le decía a don Camilo:

-Don Camilo, vaya a pescar, que hoy está bon día. Xa lle vay Justín no muelle ¿Van a ir as robalizas?

-No lo se Penoucos, no lo sé. A lo mejor, a nada, pues ya sabes como es la mar.

-Oxe vai a vir comer o caldo con nosoutros?

-Pues si. Os he de acompañar. Diselo a Peral.

Al regreso de la pesquería y después de comer su “honoris caldo” don Camilo, hacía una larga exposición de la robaliza que rompió su sedal y -¡como no ! -de las cosas internacionales que tnto gustaban a Penoucos quién opinaba a su manera.

-Das robalizas sempre se van as millores, e do que dice de cómo ta o mundo, ten razón o Fandolio. Encender ta encendido. Xa veremos quen o apaga-decía Penoucos.

Don Camilo se reía y decía:

-Este Penoucos es tremendo...

Otro amigo-guardando distancias- Tatá del Cebollín, que todos los miércoles venía de su Navia para asistir al mercado; pero no podía pasar sin saludar a su manera al amigo:

-Tas ei peiroleiro. A nin... Dixome la Canuta en Villapedre que quixiches facer o amor con ella. Oh, que cuño de home.¡Casate, cuño, casate y tendréas mullerina!

Tatá prosigue en su charla sin dejar de propinar sus picantes “guindillas”. Con sus madreñas haciendo ruido tal y como los pescadores cuando bajan para la mar y su cobertor raído que le suplía el abrigo, iba subiendo la empinada calle Antonio Otero para llegar a la Plaza a vender y comprar, sin dejar de decir:

-¡Oh que cuño, cada año es más jodida esta cuestina...

-¡Vas vello, Tatá! ¡Vas vello! Le increpaba Penoucos.

Penoucos, como marinero, tenía muchos oficios. Su “Sapo” y su “Barna” siempre bien arriados, su buena vela, su escota y drizas a punto para el tráfico del pasaje. Iba y venía a la playa de San Román con una brisa de foráneo, su vela repleta de Nordeste hacía que su navío volara con ligereza

pasmosa. Su oratoria simpática y amena lo hacían más solicitado que nadie por los playeros que gozaban las ocurrencias del capitán durante las travesías. Así lo manifestaban sus habituales clientes:

-A ver. María Leticias, ves a San Román ou quedaste con as canouras...

-Si, si, voy, viene ahí mi familia. Se trataba de Leticia de los Buenos.

Otra como los Calvo Sotelo eran asiduos pasajeros.

-A ver, Poldito, colle o timón e vigila o “Sapo”, xa sabes como é. Lev a escota larga e na mao...

Poldito tuvo un buen profesor para hoy seguir “trasluchando” la vela del “Juanín” y continuar al pie de la letra las enseñanzas de un buen arriero como Penoucos, para no volcar con el Nordeste.

Penoucos cuidó muy mucho de sus amigos, sin olvidar los que de algún modo trabajaron con él:pescadores, carretones, tratantes, etc. Nadie le tomaba a mal sus simpáticas ocurrencias, desde el corredor de su casa (su atalaya) dirigía la orquesta:

-Eugenio Caganaberza, beu Tatá..

-Si, si. Xa vai no pueblo. E a Mexúo tamén xa pasou.

-Si ves a Gregorio, que lle baixe un pelexo de viño pas Figueiras, pas Curandeiras, que ten Peraldillo os cartos.

Casi sin mediar segundos, otra clienta, la Portuguesa, que Penoucos le llamaba “Meu Cravo”, su hombruna cara la hacía poco bella, la piropeaba y le decía:

-Meu corazón, meu cravo, eres la más linda flor, tus encantos me enloquecen.

-Tas ben tolo ¡O que patrisio!-decía la Portuguesa. Y añadía: A Penouquiños, meu amor. ¿Quèn é un que fai cuchillos e navallas que lle chaman Landó? Lo voy a matar. Me vendió el pasado miércoles una colección que non corta nin o queixo. ¡Mala morte lo vexa! A o! Y al Fandolio que me lo recomendó!

-Meu cravo, contestaba Penoucos, amolaronte. Tache ben por fiarte de calquera.

Otro con quién dialogaba mucho era con Juanito de Rivas o Xarolo y con su sobrino Sopas.

-Juanitin, tomache a parva, vas po camarón? Has guardarlo que ayer roubaronllo a Salero e a Acevedo, qu se cagou no último puntal do firmamento. ¡Ay, Juanitin! Tabas mellor en Cabita. Ali t iñas buena caña e luchabas con os indios.

-Non che digo que non, contestaba Juanitin. O Xarolo participou na Guerra de Cuba. Mira Penoucos, e mellor mollar a palabra cos pes. Dixomo o pelao do Caramés e ten razón.

Y así la tarde caía y se daba por terminada la jornada; las familias se retiraban y Penoucos repletaba su batería para el día siguiente proseguir sus cuitas con unos y otros.

-Camilo, Camilo, vai por o burro que se soltou e tlle comendo o orto a Julian da Perijilera. Foi boa. Eilo matar a estacazos ¡Mal rayo!

 

 

 

 


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